29/4/12

¿Y si dejamos de hablar de la basura?


Ya basta de basura. No he decir adiós a aquellos árboles, no he de decir adiós a mi palabra. No. ¡Qué mejor manera de despedirse de la basura que con la basura misma! Así comenzó todo:

La basura

Debería de lavarla –mi pobreza–
debería de lavarme
pero es que esto no tiene ni final ni principio
y ya no sé decir palabras nuevas

ya no sé qué decir
que aquí no queda nada
que mi boca está llena de basura
de despojo de ferias

inlcuso aquella boca me pareció hoy basura
incluso aquélla
ésta

debería de arrojarla –esa basura–
pero se ha hecho muy buena compañía
me ha dejado dormir bajo el estiércol
como no lo habrían hecho mi madre o mi abuelita
me ha dejado dormir en los corrales
de las ferias pasadas

esas ferias pasadas –debería de olvidarlas–
pero es que esto no tiene ni final ni principio
y aquella boca –ésta– recuerda la basura
se cae en papeletas borradas por las lluvias
que cubren el país

¡como un velo de novia!

¡ese velo de novia! deberíamos lavarlo
pero es que ya no tiene ni final ni principio
y deja lo que queda:
por esta vez él mismo parecerá un camino

no seguiré su rumbo

me quedaré a dormir bajo el estiércol
sin apagar su luz a ningún cuarto
abriré bien la boca para aspirar del lodo
su sol su cielo un cuerpo
y lo oscuro y lo oscuro

podría dormir entonces
no tendría que lavarme

el sol se habría inclinado ante el estiércol
y ya no quedaría garganta alguna
quebrando este sonido
¡hubiera preferido que fuera un poco claro!

que fuera un poco clara –mi palabra–
pero es que esto no tiene ni final ni principio
y afuera llueve polvo y papeletas
van cubriendo los pasos de las bestias
van anunciando ferias
que ya no llegarán a este país.

(De Luis Fernando Méndez Franco, Discurso sobre los árboles del mundo, Ediciones Eón, México, 2007-2008)


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