22/9/09

Ninguno (dos variaciones)


Éste le dijo: "Suéltame, que ha rayado el alba". Jacob le respondió: "No te suelto hasta que me hayas bendecido" (Génesis, 32, 27)

Primera

Lucharías con tu habla por una noche eterna, justo como si hubieras dicho que esa noche era eterna --"¿hasta cuándo? ¿hasta cuándo?" Justo como si hubieras dicho que el lenguaje y el alba... así habrías despertado --justo como si nunca hubieras dicho, justo como si algo o como nada...

Segunda

Porque no tiene dones
y las calles son oscuras
y no habrá ya ninguno
que hacerlo llorar sepa
cerca de ti, Señor.

S. Quasimodo

Todos los poemas de amor: ninguno.

J. Medina

“Y no habrá ya ninguno…” Se habla desde lo ausente por lo ausente: debe ser que he perdido una guerra infinita --¿cómo puede perderse una guerra infinita? Se ha inclinado tu frente y busca sombras; se ha inclinado tu corazón hacia una sombra como si fuera un velo, la página de algo –adentro, lo infinito--, una sentencia: “tal vez sientas vergüenza de haber dicho”. Lo que he dicho: se habla desde lo ausente por lo ausente –y así existo, y existes, y te nombro…

Se parece a las ruinas de un lenguaje amoroso, este lenguaje; es una vieja deuda, ¡un poema amoroso! Podría allí haber soñado cualquier cosa, es decir, cualquier cosa: toda combinación era posible –posible o imposible: “tu camisa…” Eso dije: “camisa, tu camisa”. Pero sólo son ruinas; cualquier pronombre, ruina; manos que se han podrido en la palabra “mano”, ojos que se han ahogado en la palabra “ojo”… y “yo”, repito, y “tú”, “ninguno”, cualquier cosa: ¡un sueño o un poema! Lo repito en tu sombra: “me he quedado dormido sobre la tierra negra: he soñado caballos, soñé que galopabas sobre la tierra negra; ‘no mientas’, me dirías: ‘no has soñado caballos’; soñé que eras un ángel, soñé que había abrazado tu camisa, que me abrazaba a ella para decirte un nudo; yo me abrazaba a ella y tú dijiste: ‘¡suéltame! esa camisa sucia la robaste…’ Y más cerca, a mi oído: ‘jamás soñaste un ángel’”.

…y más cerca, a tu oído: “Las ferias se han marchado, las calles están llenas de basura –justo como al principio, justo como al principio… Me has encontrado hablando de pueblos destruidos, me has encontrado hablando de aquel ojo almendrado… ¡Tus ojos almendrados, tu camisa!” Acaso lo leyera en otro libro –la página de un cráneo, el alfabeto: postales favoritas de otros tiempos, palabras de otros tiempos --ésas que son las mismas; cualquiera, que es eterna…

Se habla desde lo ausente por lo ausente: “recordamos”--hablar es suponer que tengo un rostro, hablar es sugerir que te he deseado… Me distraigo: ¿qué era exactamente lo que quería decirte? Entre querer decirte y haber dicho está abierto el abismo –tal vez no lo estuviera, tal vez en otro tiempo… ¡Un origen de polvo! Acaso no he entendido casi nada: que estoy agradecido: ¡una victoria! Se ha inclinado tu rostro para buscar su sombra: es el país del ojo, derrotado: no ha comprendido el llanto… Casi puedo escucharlo en lo indistinto: lo que quise decir y lo que he dicho –en lo ínfimo tan sólo: en la palabra… Casi puedo escucharla nuevamente: “suéltame, que ha rayado el alba”… ¡“Tu camisa”, lo dicho, tu camisa! Esa camisa tuya está empapada, huele como la lluvia sobre algo derrotado:

“no te suelto hasta que me hayas bendecido…”

21/9/09


Pienso en un diálogo entre dos amantes:

--Mi alegría se parece a un cráneo hueco.
--Mi alegría es sólo un vaso derramado.
--Mi alegría es una boca desdentada.
--Mi alegría me recuerda a un cráneo roto.
--Mi alegría se parece a casi nada.

(Pienso un silencio súbito entre ambos)

--¡Oh libro de los finales falsos!
--¡Oh libro de los prólogos errados!

(Por Luis Fdo. Méndez)

15/9/09

Nada me sorprende

Maḥmūd Darwīš

"Nada me sorprende" dice un viajero,
"ni la radio ni los periódicos matutinos,
tampoco las fotalezas sobre las colinas:
quiero llorar"
Dice el conductor:
"espera que lleguemos a la parada
y llora solo todo lo que puedas"
Dice una señora: "A mí tampoco, a mí tampoco
me sorprende nada. He mostrado mi tumba a mi hijo:
le gustó y se durmió --y no se despidió de mí"
Dice un académico: "A mí tampoco, a mí tampoco
me sorprende nada. He estudiado arqueología
sin haber encontrado la identidad entre las piedras
¿acaso yo soy, en verdad, yo?"
Dice un soldado: "A mí tampoco, a mí tampoco
me sorprende nada. Siempre asedio a un espectro que me asedia"
Dice el nervioso conductor:
"He aquí que nos aproximamos a la última parada:
preparaos a bajar"
Ellos gritan: "Queremos lo que está más allá de la parada,
así que ponte en marcha"
En cuanto a mí, yo digo: "déjeme aquí:
a mí, como a ellos, no me sorprende nada
--es sólo que me he cansado del viaje"

(Tomado del poemario لا تعتذرعما فعلت /"No te disculpes por lo que hiciste". Traducción de Luis Fdo. Méndez).

14/9/09

Tres consideraciones acerca de la inmovilidad

x
(Y dado --pensé-- que tal vez no me dejen publicar, démosle entonces un buen uso al blog...)

1.

Porque yo no sé hablar, porque yo no aprendí
ninguna cosa útil en la escuela, hombres de buena voluntad, ninguna cosa
útil, ninguna verdadera

y aun así deseo no haber sabido nunca aquella frase
imposible, que no me amará vivo, ésa que no ha deseado
hacia mí lo que fuera: esa frase se hablaba
como desde un cadalso equivocado
--“oh mi querida cuna oh viejos circos”--,
narraba la basura de otros días

y aun así es de día y yo escribo “esta noche:
esta noche he perdido mi querido alfabeto
y yo me quedo solo y algo siempre está solo
y nunca lo hablaremos –y ni siquiera eso"

el mundo se ha llenado de cadalsos
--“oh mi querida cuna oh viejos circos”—
el mundo se ha llenado de he mentido
de haber podido tanto --o de haberlo querido--
de haber estado siempre…
de haber estado aquí tal vez hubiera dicho
“nunca, niño querido” o “siempre siempre”

porque yo no sé hablar
porque esta noche olvido los amigos
que debí haber tenido y que incluso recuerdo,
sin querer, entre frases,
hombres queridos hombres, balbuceos
que no se hablarán nunca
que no me hablarán nunca.

2.

Amante amante… ¿te gusta mi poema?
Tal vez ya estés enamorado de tu propio lenguaje
y nada te haga falta de alguna inútil guerra.

3.

Para Jorge Medina

No seré dicho en ti: a mí me corresponde una recámara
que ha sido construida desde un placer ninguno, a mí me corresponde
la alegría más violenta de entre toda alegría…

Oh mis viejos amigos, que nunca han encontrado
un modo de existir… ¡ahora siento lástima de ustedes,
rostros que no he leído! estaban destinados para nadie
y yo cumplí fielmente su condena: construí una recámara
que no sirviera nunca para morir en ella
una que no sirviera para vivir en ella
el odio o la fornicación o la ternura…
Allí los he apilado
--“porquería”--
allí aprendí a ocultarme en mi lenguaje…

por eso no estoy dicho
por eso me corrompo en mi lenguaje.

(Luis Fernando Méndez Franco)

7/2/09

x

¡Traiciona! --di-- ¡traiciona! traiciona tu poema, tu miseria. ¡Oh! yo también he asistido a la congregación de las salivas; ¡oh! yo también he aplaudido en la consagración de un mito. Yo también he gritado interjecciones. Traiciona a los amantes y a los mártires, ¡santos, héroes, traidores! ¡cómo los mece el viento entre sus árboles! ¡parecen florecidos! ¡Viejas, nuevas tristezas! ¡Ay, poetas, poetas! ¡los caballos! ¡oh! yo también he llorado en la inauguración de las carnicerías; ¡oh! yo también he rezado en la consagración de un símbolo. Traiciona esos caballos. Parece que marchamos. No rías si me tropiezo: traiciona tu tropiezo tropezando. Y nada más. Vamos todos cantando: "lá, lá, lá"; andamos todos riendo: "¡jo, jo, jo!"; como siempre, aplaudimos: "¡clap, clap, clap!"

18/1/09

E incluso y sin embargo
puedo hablar
--puedo decir los pájaros, amigo:

yo que fingiera de ellos
su gravedad la sombra
--yo que solamente eso--
incluso y sin embargo
puedo hablar.