(...) sueña con los amaneceres de la tierra, vistos desde las cuatro orillas de la tierra, con postales que no llegaron a quien fueron enviadas, que no llegaron nunca (debió haber sido en un momento de su adolescencia cuando se hizo devoto de las historias tristes); conjetura palabras que tendría que haber dicho, los diálogos circunstanciales, los escenarios mútiples --y esa carta de amor que habría llenado de obscenidades y metáforas por larguísimo tiempo contenidas... habla del doble a veces, habla de la tortura, del deseo; elabora --porque no es hombre libre del anhelo de poseer un público-- un largo, abstracto, ensayo (sobre la identidad o cualquier otra cosa) que irremediablemente, y no sin antes haber mostrado a algunos íntimos, terminará por esconder en un cajón: "tal vez un día..." se dice --si amenaza lo suficiente con quemarlo--, "sólo luego, tal vez...": ante todo, es honesto --y muy tímido, claro, y riguroso; sueña con los amaneceres de la tierra (...)
19/8/08
18/8/08
14/8/08

"Más de un lector recordará que velaba en su casa cada noche"
(del poemario Menos rosas)
Mi palabra, que no es más que una sombra de tu idioma --mi pala-bra no sabe despedirse: descansa en paz, yâ Mahmûd Darwîsh (1942-2008).
Toma mi caballo y sacrifícalo
Tú, no mi obsesión de conquistas, eres mi boda.
He dejado a mi alma y a sus parientes, tus demonios interiores,
la libertad de plegarse a tus deseos.
Toma mi caballo
y sacrifícalo
para que, cual guerrero tras la derrota, yo camine
sin sueños ni emociones...
Paz a la fatiga que deseas,
al príncipe cautivo, al oro necesario para la celebración
del verano por tus seguidores. Mil paces para ti,
entera y plena con tus pretendientes, humanos o genios.
Paz a lo que has hecho de ti para
ti: la horquilla de tu pelo rompe
mi espada y mi escudo,
y el botón de tu camisa porta, en su luz,
la contraseña para toda clase de pájaros.
Toma mi aliento como si tomaras una guitarra que acceda
a tus deseos de viento. Toda mi Andalucía
está en tus manos. No descuides ninguna cuerda
para defender el alma en mi Andalucía.
Yo sabré, en otra época,
sabré que he logrado la victoria con mi desesperación,
que he encontrado mi vida, allí,
fuera de ella, junto a mi pasado.
Toma mi caballo
y sacrifícalo, para que yo porte mi ser,
vivo o muerto...
He dejado a mi alma y a sus parientes, tus demonios interiores,
la libertad de plegarse a tus deseos.
Toma mi caballo
y sacrifícalo
para que, cual guerrero tras la derrota, yo camine
sin sueños ni emociones...
Paz a la fatiga que deseas,
al príncipe cautivo, al oro necesario para la celebración
del verano por tus seguidores. Mil paces para ti,
entera y plena con tus pretendientes, humanos o genios.
Paz a lo que has hecho de ti para
ti: la horquilla de tu pelo rompe
mi espada y mi escudo,
y el botón de tu camisa porta, en su luz,
la contraseña para toda clase de pájaros.
Toma mi aliento como si tomaras una guitarra que acceda
a tus deseos de viento. Toda mi Andalucía
está en tus manos. No descuides ninguna cuerda
para defender el alma en mi Andalucía.
Yo sabré, en otra época,
sabré que he logrado la victoria con mi desesperación,
que he encontrado mi vida, allí,
fuera de ella, junto a mi pasado.
Toma mi caballo
y sacrifícalo, para que yo porte mi ser,
vivo o muerto...
(tomado de El lecho de una extraña. Traducción de María Luisa Prieto)
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