23/4/10


(Shinichi Maruyama)


Materia de un discurso amoroso


Tomado de Émile Benveniste, "Estructura de las relaciones de persona en el verbo" en Problemas de lingüística general.

(...) una de las características de las personas "yo" y "tú" es su unicidad específica: el "yo" que enuncia, el "tú" a quien "yo" se dirige son cada vez únicos. Pero "él" puede ser una infinidad de sujetos --o ninguno. Por eso el Je est un autre de Rimbaud proporciona la expresión típica de lo que es propiamente la "enajenación" mental, donde el yo es desposeído de su identidad constitutiva.

Otra característica es que "yo" y "tú" son inversibles: aquel que "yo" define como "tú" se piensa y puede invertirse a "yo", y "yo" se vuelve un "tú". Ninguna relación parecida es posible entre una de estas personas y "él", puesto que "él" en sí designa específicamente nada y nadie.

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Subrayo solamente, consciente de estar repitiendo lugares comunes, lo siguiente: si "yo" y "tú" son inversibles, ¿no es su unicidad específica, por definición, ilusoria? Creo que es en tal sentido que Louis Massignon exclama: "¿Quién tiene derecho a la predicación legítima del discurso sino Dios? ¿quién puede decir verdaderamente 'yo' en nosotros sino 'Él'?" O, siguiendo la cita de Benveniste: ¿quién puede decir verdaderamente "yo" en nosotros sino nada, sino nadie?

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