"(...) el poema (...) no se desarrolla de manera lineal ni calculada y no se deja someter a la lógica absurda del final y el principio: en mi experiencia al menos, el poema no ha podido ser nunca sino la sombra proyectada desde algo que no podría ser dicho, algo que, por definición, es lo indistinto. El poema, en la medida que lo llamamos “terminado” o “iniciado” o “en proceso”, en la medida en la que lo reducimos a ser un objeto verbal, o incluso simplemente un garabato de tinta impreso en la materia del papel; materia de la voz que lo recita u objeto de un sujeto que lo crea (frecuentemente decimos del poema que “lo escribimos”), oculta lo que para mí es la única característica que le es intrínseca: su imposibilidad radical —ese territorio inconcebible donde lo que es, lo que fue dicho, se identifica y reconcilia con lo que nunca ha sido, con algo que no quiere decir nada. Es para mí el poema, entonces, un vacío: la búsqueda constante de su ausencia. Y si tuviera –no la tengo-- una premisa para escribir, diría –por decir algo-- que es justamente ésa".
17/02/11
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