09/06/10

(Imagen: iglesia en Tbilissi)

Recuerdo... "y el corazón se llena de nostalgia"

de todo lo supuesto, su final --de esos restos, palabras. Y aquél en cuya boca palpitaba mi espera y aquél en cuya boca su comida y su infancia... Debí haberlas robado en otro sitio, allí donde librabas las enormes batallas: "tú y yo nos casaríamos algún día". Pero es que todo nombre se ha transformado en mosca y aquí, sobre estas mesas, se han podrido la carne y el pescado --esperando otras fiestas, esperando tus manos: "tú y yo nos casaríamos algún día". Y aquél en cuyo oído palpitaba el deseo, el habla entorpecida de mi propio deseo... Debiste haberme hallado insoportable --¡de otra tristeza, moscas!--, debiste haberme hallado en otro nombre, allí donde librabas esas grandes batallas: me has dejado inconcluso (así podré encontrarte)... De todo lo soñado, su derrota --de todas las victorias, mis migajas, ¡llorarán de alegría! ¡el día de esa victoria! ¡llegará! Mañana, tarde y noche, estoy seguro, se tocarán campanas que habré de confundir con mi amor hacia algo: "tú y yo nos casaríamos algún día". Para ti mi palabra, mientras tanto: allí te he vuelto otro, aunque este corazón no fuera hospitalario. ¡Esas palabras nuestras! entiendo que sabrás reconocerlas, entiendo que podré reconocerlo: porque he oído tu nombre y tú habitas el mío --y sólo queda tiempo.

(Tomado de Discurso sobre los árboles del mundo y vuelto a publicar en esta cochina página sólo porque el autor se encontró con la imagen de una iglesia).