Comienzo a darme cuenta que puedo ser clasificado en la categoría "persona problemática", lo cual implica, claro, una paradoja: no existe persona más simplona sobre este bajo mundo que Luis Fernando, es decir, "yo" ("yo es un otro", ¿cómo, si no, podría hablar de mí mismo?). Me doy cuenta, por otra parte, que estoy dispuesto a dedicar una entrada completa de mi blog a semejante observación. La única explicación que se me ocurre ahora mismo de tal fenómeno es que encuentro placer en la destrucción de los objetos amados. Me digo: "no lloras los objetos por haberlos amado; los lloras, me parece, porque no logras demostrarte que en realidad los amaste". Y eso solamente --y nada más, que sobre la equivalencia última entre escribir y haber escrito ya he venido hablando demasiado...
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