14/11/09

En Jerusalén

Mahmud Darwish

En Jerusalén --quiero decir: adentro de la muralla antigua--,
voy de un tiempo hacia otro sin recuerdos
que me rectifiquen. Y es que allá los profetas se dividen
la historia sagrada, ascienden hacia el cielo
para volver menos decepcionados, menos tristes...
Porque el amor y la paz son sagrados, se van aproximando
a la ciudad... Caminaba sobre un declive y me vino a la mente: ¿cómo
difieren los narradores acerca de la palabra de la luz en una piedra?
¿Acaso es de una piedra avariciosa de luz que se propagan guerras?
Marcho por mi sueño: lo miro fijamente --detrás mío no veo a nadie
y a nadie frente a mí: toda esta luz es mía. Camino. Me hago ligero.
Vuelo: luego me transfiguro, me hago otro. Las palabras
crecen como la hierba en la boca del profeta Isaías: "Si no creistéis
jamás creeréis". Camino como si fuera otro; mi herida es una rosa
blanca, evangélica --y mis manos parecen dos palomas
en la cruz: sobrevolando y cargando la tierra.
No camino: vuelo; me voy haciendo otro.
No hay lugar y no hay tiempo. ¿Quién soy yo?
Yo no soy yo en presencia del mi'raaj*
pero pienso: solo, el profeta Mahoma
habló en lengua árabe... "y ¿luego qué?"
¿luego qué? Gritó un ejército de pronto:
"¿eres tú nuevamente? ¿acaso no te había matado?"
Contesté: "me mataste... y he olvidado, como tú, morir"

* el mi'raaj es el ascenso nocturno del profeta Mahoma desde Jerusalén hasta el cielo...

(Traducción de Luis Fernando Méndez. Tomado del poemario لا تعتذر عما فعلت / "no te disculpes por lo que hiciste").

12/11/09

Desde el afán ridículo de no dejar morir este blog... ¡Ay, Dios mío! ¿me publico de nuevo? ¿acaso tienes algo qué decir? Es un poema viejo: un gesto inútil... ¡viejos hombres de buena voluntad, un gesto inútil!

Te precipitas del vacío a la belleza,
del cuerpo envilecido a los ocasos
en que el día se parece a un ruiseñor sin forma.

La cabeza de Cristo es un refugio negro
lleno de restaurantes y de hoteles,
pero ése no es tu hogar,
ni el camino tampoco la escalera que sube
del silencio a la estirpe donde mueres.

La cabeza de Cristo es una choza negra
para escondernos del mundo,
para dormir como larvas en el seno de la rosa
o en jardines enormes y vacíos.
Para soñar, como el cáncer, con la unidad del cuerpo.

¿Cómo podríamos alejarnos?
La soledad de este reino es aun más grande
que los arcos donde se sostiene:
ahora eres un arco.

Te precipitas creyendo ser del aire y pesas
si te ofrecen paisajes o sonrisas marchitas;
te precipitas, lento, hacia tu umbral: vigilia
de un saludo que cede a su promesa.

La cabeza de Cristo es un palacio negro
donde tu madre intenta recordar sus ojos.
Pásame mis pastillas --dijo. Y se quedó dormida.

04/10/09

No preguntaron

Mahmud Darwish

No preguntaron "¿qué hay detrás de la muerte?"
Memorizaban el mapa del paraíso
más bien que el libro de la tierra;
estaban ocupados por otra pregunta:
"¿qué haremos antes de esta muerte?" Cerca
de nuestra vida vivimos --y no vivimos:
como si nuestra vida fuera
fragmentos de desierto disputados
por los dioses de las hipotecas y fuéramos nosotros
los vecinos pasados del polvo.
Nuestra vida es un fardo en la noche del historiador: "cada vez
que los escondo se levantan sobre mí desde la ausencia"
Nuestra vida es un fardo sobre el pintor: "los dibujo
y me vuelvo uno de ellos --luego desaparezco entre la niebla"
Nuestra vida es un fardo sobre el general: "¿cómo puede
escurrir sangre de un espectro?" Nuestra vida
es ser como queramos: queremos vivir poco,
para nada... para respetar
la resurrección luego de esta muerte.
Y citaron sin querer las palabras del filósofo:
"La muerte no significa nada para nosotros:
existimos porque no existe; la muerte no quiere
decir nada: existe y luego no existimos"
Y ordenaron sus sueños
de otro modo... ¡y se durmieron de pie!

(Traducción por Luis Fernando Méndez. Tomado del poemario لاتعتذر عما فعلت/ "no te disculpes por lo que hiciste")

(imagen: Melanie Brown)

(...) buscaba en la basura, señores del jurado, ¿podía hacer otra cosa?... ¡Oh mis viejos poemas! ¡viejos hombres de buena voluntad! ¡este poema!
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Materia de un retrato
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Y acaso logre una imagen más acabada incluso que tu cuerpo
reconstruir mi amor reconstruir tu herida tu pobre cráneo herido
por la murmuración de un pájaro por tu envidia de algo
la comida de todos por tu envidia y mi hambre por estas brisas negras
bajo un cielo imposible
¡blancas deberían ser!

y lejos amanece y lejos lejos la canción de los gallos
mata al gallo mamá tenemos hambre
pobre viuda vestida de otra infancia lejos de ti de todo
haz que nunca regrese la mañana soy muy vieja
sólo se abre esta puerta hacia lo inmóvil
allí tus viejas jaulas los canarios
mira madre son cuervos tienen hambre
¡blancos deberían ser!

y acaso logre esta imagen más pobre que vaso derramado
reconstruir tu odio todos hablan de ti
vagan por la blancura de un pasillo como pájaros sucios
dicen que nunca amaste a tu marido
ciertamente no mienten dicen que le has robado
pobre viuda vestida de otros dientes robados
¡blancos deberían ser!

y en mi necesidad de epílogos el hambre se parece a cualquier disciplina
tu boca se parece a un vaso derramado mi tristeza al olor de tu vestido
pobre viuda sembrada entre hilos negros
no fuiste muy hermosa pero amé tu vestido
paz a ti paz a ti
la navidad se acerca como la media noche
va derramando vasos
que se derramen todos los naufragios
que las bocas se abran sólo dirían saliva
viejos hombres de buena voluntad ustedes son testigos
sólo dirás saliva
¡blanca deberá ser!

paz a ti blanca blanca.

(Por Luis Fernando Méndez Franco, publicándose rencorosamente en este blog)

22/09/09

Ninguno (dos variaciones)


Éste le dijo: "Suéltame, que ha rayado el alba". Jacob le respondió: "No te suelto hasta que me hayas bendecido" (Génesis, 32, 27)

Primera

Lucharías con tu habla por una noche eterna, justo como si hubieras dicho que esa noche era eterna --"¿hasta cuándo? ¿hasta cuándo?" Justo como si hubieras dicho que el lenguaje y el alba... así habrías despertado --justo como si nunca hubieras dicho, justo como si algo o como nada...

Segunda
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Porque no tiene dones
y las calles son oscuras
y no habrá ya ninguno
que hacerlo llorar sepa
cerca de ti, Señor.
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S. Quasimodo
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Todos los poemas de amor: ninguno.
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J. Medina

“Y no habrá ya ninguno…” Se habla desde lo ausente por lo ausente: debe ser que he perdido una guerra infinita --¿cómo puede perderse una guerra infinita? Se ha inclinado tu frente y busca sombras; se ha inclinado tu corazón hacia una sombra como si fuera un velo, la página de algo –adentro, lo infinito--, una sentencia: “tal vez sientas vergüenza de haber dicho”. Lo que he dicho: se habla desde lo ausente por lo ausente –y así existo, y existes, y te nombro…

Se parece a las ruinas de un lenguaje amoroso, este lenguaje; es una vieja deuda, ¡un poema amoroso! Podría allí haber soñado cualquier cosa, es decir, cualquier cosa: toda combinación era posible –posible o imposible: “tu camisa…” Eso dije: “camisa, tu camisa”. Pero sólo son ruinas; cualquier pronombre, ruina; manos que se han podrido en la palabra “mano”, ojos que se han ahogado en la palabra “ojo”… y “yo”, repito, y “tú”, “ninguno”, cualquier cosa: ¡un sueño o un poema! Lo repito en tu sombra: “me he quedado dormido sobre la tierra negra: he soñado caballos, soñé que galopabas sobre la tierra negra; ‘no mientas’, me dirías: ‘no has soñado caballos’; soñé que eras un ángel, soñé que había abrazado tu camisa, que me abrazaba a ella para decirte un nudo; yo me abrazaba a ella y tú dijiste: ‘¡suéltame! esa camisa sucia la robaste…’ Y más cerca, a mi oído: ‘jamás soñaste un ángel’”.

…y más cerca, a tu oído: “Las ferias se han marchado, las calles están llenas de basura –justo como al principio, justo como al principio… Me has encontrado hablando de pueblos destruidos, me has encontrado hablando de aquel ojo almendrado… ¡Tus ojos almendrados, tu camisa!” Acaso lo leyera en otro libro –la página de un cráneo, el alfabeto: postales favoritas de otros tiempos, palabras de otros tiempos --ésas que son las mismas; cualquiera, que es eterna…

Se habla desde lo ausente por lo ausente: “recordamos”--hablar es suponer que tengo un rostro, hablar es sugerir que te he deseado… Me distraigo: ¿qué era exactamente lo que quería decirte? Entre querer decirte y haber dicho está abierto el abismo –tal vez no lo estuviera, tal vez en otro tiempo… ¡Un origen de polvo! Acaso no he entendido casi nada: que estoy agradecido: ¡una victoria! Se ha inclinado tu rostro para buscar su sombra: es el país del ojo, derrotado: no ha comprendido el llanto… Casi puedo escucharlo en lo indistinto: lo que quise decir y lo que he dicho –en lo ínfimo tan sólo: en la palabra… Casi puedo escucharla nuevamente: “suéltame, que ha rayado el alba”… ¡“Tu camisa”, lo dicho, tu camisa! Esa camisa tuya está empapada, huele como la lluvia sobre algo derrotado:

“no te suelto hasta que me hayas bendecido…”

21/09/09

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Ha caído el poema del caballo
M. Darwish.
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Ha caído el poema del poema: no debes más palabras, hermanito.
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Pienso en un diálogo entre dos amantes:

--Mi alegría se parece a un cráneo hueco.
--Mi alegría es sólo un vaso derramado.
--Mi alegría es una boca desdentada.
--Mi alegría me recuerda a un cráneo roto.
--Mi alegría se parece a casi nada.

(Pienso un silencio súbito entre ambos)

--¡Oh libro de los finales falsos!
--¡Oh libro de los prólogos errados!

(Por Luis Fdo. Méndez)

15/09/09


Y es como si en el ojo se sembrara negrura / se diría que en los árboles ahorcados / y es como si en tu ojo se sembrara otro ojo /y es como si a los pájaros // (y es como si en los árboles los pájaros / y es como si te hubieras caído de algún árbol) // y es como si tus pasos se dijeran de espaldas / se diría que en tu espalda el peso de un abrazo / y es como si en tu sombra se sembrara la sombra / y es como si en tus ojos los ojos de un colgado // (y es como si en los árboles ahorcados / pareciera que alguien se ha caído de un árbol) // y es como si en lo blanco del ojo de un colgado / y es como si lo blanco le dijera a lo blanco: / “parece que en mis brazos han de ahorcarse los pájaros”.
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(Por Luis Fernando Méndez, de nuevo)
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Nada me sorprende

Maḥmūd Darwīš

"Nada me sorprende" dice un viajero,
"ni la radio ni los periódicos matutinos,
tampoco las fotalezas sobre las colinas:
quiero llorar"
Dice el conductor:
"espera que lleguemos a la parada
y llora solo todo lo que puedas"
Dice una señora: "A mí tampoco, a mí tampoco
me sorprende nada. He mostrado mi tumba a mi hijo:
le gustó y se durmió --y no se despidió de mí"
Dice un académico: "A mí tampoco, a mí tampoco
me sorprende nada. He estudiado arqueología
sin haber encontrado la identidad entre las piedras
¿acaso yo soy, en verdad, yo?"
Dice un soldado: "A mí tampoco, a mí tampoco
me sorprende nada. Siempre asedio a un espectro que me asedia"
Dice el nervioso conductor:
"He aquí que nos aproximamos a la última parada:
preparaos a bajar"
Ellos gritan: "Queremos lo que está más allá de la parada,
así que ponte en marcha"
En cuanto a mí, yo digo: "déjeme aquí:
a mí, como a ellos, no me sorprende nada
--es sólo que me he cansado del viaje"

(Tomado del poemario لا تعتذرعما فعلت /"No te disculpes por lo que hiciste". Traducción de Luis Fdo. Méndez).

14/09/09

Tres consideraciones acerca de la inmovilidad

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(Y dado --pensé-- que tal vez no me dejen publicar, démosle entonces un buen uso al blog...)

1.

Porque yo no sé hablar, porque yo no aprendí
ninguna cosa útil en la escuela, hombres de buena voluntad, ninguna cosa
útil, ninguna verdadera

y aun así deseo no haber sabido nunca aquella frase
imposible, que no me amará vivo, ésa que no ha deseado
hacia mí lo que fuera: esa frase se hablaba
como desde un cadalso equivocado
--“oh mi querida cuna oh viejos circos”--,
narraba la basura de otros días

y aun así es de día y yo escribo “esta noche:
esta noche he perdido mi querido alfabeto
y yo me quedo solo y algo siempre está solo
y nunca lo hablaremos –y ni siquiera eso"

el mundo se ha llenado de cadalsos
--“oh mi querida cuna oh viejos circos”—
el mundo se ha llenado de he mentido
de haber podido tanto --o de haberlo querido--
de haber estado siempre…
de haber estado aquí tal vez hubiera dicho
“nunca, niño querido” o “siempre siempre”

porque yo no sé hablar
porque esta noche olvido los amigos
que debí haber tenido y que incluso recuerdo,
sin querer, entre frases,
hombres queridos hombres, balbuceos
que no se hablarán nunca
que no me hablarán nunca.

2.

Amante amante… ¿te gusta mi poema?
Tal vez ya estés enamorado de tu propio lenguaje
y nada te haga falta de alguna inútil guerra.

3.

No seré dicho en ti: a mí me corresponde una recámara
que ha sido construida desde un placer ninguno, a mí me corresponde
la alegría más violenta de entre toda alegría…

Oh mis viejos amigos, que nunca han encontrado
un modo de existir… ¡ahora siento lástima de ustedes,
rostros que no he leído! estaban destinados para nadie
y yo cumplí fielmente su condena: construí una recámara
que no sirviera nunca para morir en ella
una que no sirviera para vivir en ella
el odio o la fornicación o la ternura…
Allí los he apilado
--“porquería”--
allí aprendí a ocultarme en mi lenguaje…

por eso no estoy dicho
por eso me corrompo en mi lenguaje.

(Luis Fernando Méndez Franco)

22/03/09

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(...) pero aquí está, aquí está: no te recuerda en nada o te recuerda en todo; ha pasado volando sobre los cables del teléfono, ha pasado volando más allá de las horcas; más alto que el basurero de todos los zapatos, más allá del cadalso de nuestros nombres propios... ¡y agita esas banderas! justo como si el aire y por el aire... "parece que en el aire..."

07/02/09

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¡Traiciona! --di-- ¡traiciona! traiciona tu poema, tu miseria. ¡Oh! yo también he asistido a la congregación de las salivas; ¡oh! yo también he aplaudido en la consagración de un mito. Yo también he gritado interjecciones. Traiciona a los amantes y a los mártires, ¡santos, héroes, traidores! ¡cómo los mece el viento entre sus árboles! ¡parecen florecidos! ¡Viejas, nuevas tristezas! ¡Ay, poetas, poetas! ¡los caballos! ¡oh! yo también he llorado en la inauguración de las carnicerías; ¡oh! yo también he rezado en la consagración de un símbolo. Traiciona esos caballos. Parece que marchamos. No rías si me tropiezo: traiciona tu tropiezo tropezando. Y nada más. Vamos todos cantando: "lá, lá, lá"; andamos todos riendo: "¡jo, jo, jo!"; como siempre, aplaudimos: "¡clap, clap, clap!"