Mahmud Darwish
En Jerusalén --quiero decir: adentro de la muralla antigua--,
voy de un tiempo hacia otro sin recuerdos
que me rectifiquen. Y es que allá los profetas se dividen
la historia sagrada, ascienden hacia el cielo
para volver menos decepcionados, menos tristes...
Porque el amor y la paz son sagrados, se van aproximando
a la ciudad... Caminaba sobre un declive y me vino a la mente: ¿cómo
difieren los narradores acerca de la palabra de la luz en una piedra?
¿Acaso es de una piedra avariciosa de luz que se propagan guerras?
Marcho por mi sueño: lo miro fijamente --detrás mío no veo a nadie
y a nadie frente a mí: toda esta luz es mía. Camino. Me hago ligero.
Vuelo: luego me transfiguro, me hago otro. Las palabras
crecen como la hierba en la boca del profeta Isaías: "Si no creistéis
jamás creeréis". Camino como si fuera otro; mi herida es una rosa
blanca, evangélica --y mis manos parecen dos palomas
en la cruz: sobrevolando y cargando la tierra.
No camino: vuelo; me voy haciendo otro.
No hay lugar y no hay tiempo. ¿Quién soy yo?
Yo no soy yo en presencia del mi'raaj*
pero pienso: solo, el profeta Mahoma
habló en lengua árabe... "y ¿luego qué?"
¿luego qué? Gritó un ejército de pronto:
"¿eres tú nuevamente? ¿acaso no te había matado?"
Contesté: "me mataste... y he olvidado, como tú, morir"
* el mi'raaj es el ascenso nocturno del profeta Mahoma desde Jerusalén hasta el cielo...
(Traducción de Luis Fernando Méndez. Tomado del poemario لا تعتذر عما فعلت / "no te disculpes por lo que hiciste").



